La Basílica

La basílica se inscribe, arquitectónicamente, entre la tradición gótica y la renacentista, que se empezaba a aplicar en Cataluña en el s.XVI. A causa de la Guerra del Francés (1808-1814), la basílica resultó muy afectada, y hasta finales del s. XIX no pudo ser reconstruida.

Nada más entrar, lo primero que se ve es la cabecera de la nave, donde se encuentra el coro y el altar mayor. En el centro de la parte superior, aparece una fornícula-templete, donde ya se puede ver el trono de plata con la imagen de Santa María. A diferencia de otras iglesias, la basílica de Montserrat tiene una única nave con capillas comunicadas entre los contrafuertes, y tribunas laterales en la parte superior.

Alrededor de las naves hay numerosas lámparas votivas de gran valor artístico y representativas de la orfebrería catalana. Las pilastras centrales contienen las esculturas de Ezequiel, Jeremías, Isaías y Daniel, talladas en madera por Josep Llimona.