Monasterio

La comunidad actual de Montserrat, junto con las comunidades del Miracle y de Sant Miquel de Cuixà, está formada por un centenar de monjes que se rigen según la Regla de San Benito (s. VI).

La Sala Capitular

Esta sala de forma cuadrangular, sobria y bien decorada, es el lugar de encuentro de la comunidad monástica para las sesiones importantes; los encuentros más informales, los de todos los días, se llevan a cabo en otro lugar. La vida monástica se desarrolla en un ambiente de familia, compartiendo tanto los bienes espirituales como los materiales, buscando vivir la vida cristiana hasta las últimas consecuencias según el espíritu evangélico contenido en la Regla de San Benito y bajo la dirección de un abad. Esta comunión fraterna supone un espíritu de diálogo y una comunicación mutua para que cada miembro de la comunidad sea responsable de la marcha del monasterio y ayude al abad en el discernimiento de las decisiones que haya que tomar. Esta sala sirve para estos momentos importantes de deliberación, de discernimiento y de toma de decisiones a nivel comunitario y, además, para las conferencias monásticas que el P. Abad dirige periódicamente a la comunidad. 
Cerca de la Sala Capitular, está la llamada Sala del Signo, presidida por una estatua de san Benito, esculpida en bronce por Josep Clarà; además se encuentra un cenotafio del abad Oliba, obra de Enric Monjo, y una estatua del abad García de Cisneros, de Francesc Juventeny.

El Refectorio

Las comidas son un momento importante de la vida fraterna; la Biblia misma subraya la dimensión espiritual y enseña cómo en la comunión entre los comensales se hace presente Dios. Por ello, el monarquismo ha dado una atmósfera casi litúrgica a las comidas, que empiezan y acaban con la plegaria y se hacen en silencio. Y ha querido también, que además del cuerpo, se alimente el espíritu por medio de la lectura que las acompaña. Todo ello ha hecho que los refectorios de los monasterios tengan una ambientación arquitectónica particular.
El de Montserrat es una pieza del siglo XVII, reformada en 1925 por Puig i Cadafalch, de dimensiones considerables y muy clara. Por un lado da a la roca y, por el otro, unos grandes ventanales se abren a una amplia perspectiva de la montaña. En el extremo presidencial, hay un absidiolo recubierto de mosaicos que representan a Cristo en Majestad inspirado en las pinturas murales pirenaicas. En el extremo opuesto, hay un tríptico, pintado en colores alegres por Josep Obiols, que representa una escena de la vida de san Benito. Y en centro, hay un púlpito de piedra para el lector.

Imágenes

Monje leyendo en el claustro del Monasterio

Monje leyendo en el claustro del Monasterio

Claustro Neorománico

El claustro construido en la parte interna del Monasterio y que comunica diversas dependencias, fue edificado en 1925, por Puig i Cadafalch, según un estilo "románico" muy original por la combinación de piedra, ladrillo y madera. Sus formas, de notable belleza, quieren reflejar -ateniéndose al pensamiento del autor- las líneas arquitectónicas de la época primitiva del monasterio de Santa Maria. Está formado por dos pisos de arcos de ladrillo sostenidos por columnas de piedra; a lo largo de las paredes, se halla un notable conjunto de piezas arqueológicas y la pidarias, importantes por su valor histórico y artístico, que van del siglo X al siglo XVIII. El piso inferior, en donde se encuentra un templete con un surtidor en el centro, que evoca los grandes claustros monásticos de Cataluña, comunica con el jardín, rico en diversos tipos de árboles y plantas entre los que cantan los pájaros y fluye saltarina el agua, en un ambiento tranquilo que invita a la reflexión y a la paz.